Señores, tenemos una de las joyas de la gastronomía mundial entre nuestros alimentos típicos: El Jamón.
Junto con el caviar y el foie, pueden componer algunos de los menús más deseados. Es un “as” que debemos usar si queremos que nuestros comensales disfruten de una comida “Ibérica”.
El Jamón, natural, sin aditivos, tan sano: “¡Sancho Amigo! Jamón y Vino bálsamo divino”
Pero OjO, con el jamón pasa como con el vino, decir “ponme una ración de jamón” (incluso si añades la coletilla “Ibérico”) es como decir “ponme un copa de vino tinto” (con la coletilla español).
El jamón, al igual que el vino, es un producto que necesita de unos conocimientos mínimos para poder disfrutarlo en plenitud. Diferenciar cada una de las variedades de jamón comercializadas en la actualidad y distinguir su grado de calidad, deben formar parte de las nociones fundamentales que cualquier buen aficionado a los placeres y las sensaciones necesariamente debe tener.
Pues bien, en este artículo intentaremos arrojar un poquito de luz sobre los conceptos básicos, muy básicos relacionados con los distintos tipos de jamón (curado) que nos podemos encontrar al pedir “una de jamón”.