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La senda de los elefantes volvió a caminar el viernes pasado

Tras la temporada seca, el agua (y lo que no es el agua) volvió a regar la tierra del sendero. Alguno de los componentes que no pudo estar presente estuvo en nuestros brindis. Alzamos las copas en su loor y gloria. La “Senda del Tiempo” está convirtiéndose en nuestro restaurante de cabecera. Tras unas cervezas que mitigaron la sed proverbial de los elefantes, nos trasladamos a dicho lugar; todo ello bajo la luna de Madrid, luna dieciochesca donde las haya, y que auguraba una velada de gastronomía y conversación en las torres y en los sótanos sellados. Una vez asentado el trasero en los sillones de su salón superior, fuimos regalados con pequeños cuencos en los que vertieron aceite de oliva, aceite de la tierra, para que pudiésemos mojar el pan de leña y degustar ese regalo de los olivos andaluces, junto a una copa de fino amontillado.

Azpilicueta 2007, el vino que rego la velada de la senda

Y si la posada ya es tradicional, aún mas lo son las viandas, pues repetimos por enésima vez lomo de buey a la brasa. Esta vez, fue acompañado por una fuente de lechuga y una fuente de “patatas matutano” que provocó la lógica indignación y consecuente protesta del que esto escribe. No obstante, en descargo del cantinero, ha de decirse que la carne fue soberbia, tanto en calidad como en cantidad. La tertulia se prolongó extraordinariamente y varios fueron los temas e industrias debatidas: desde la necesidad de límites ontológicos para la autoconsciencia, hasta el futuro inmediato del mercado de valores. Todo ello pasó por nuestro mantel en animada charla, que, en ocasiones se perdía entre las especulativas paredes de los laberintos filosóficos, en los que los elefantes trataban de abrirse paso, únicamente ayudados por su trompa y su capacidad inductiva.

Brindis al Sol

Una vez nublado nuestro entendimiento por el consumo de vino y de espirituosos (alguna cocacola también cayó), nos dirigimos a un establecimiento emblemático en nuestra historia reciente, que no es otro que el “Torero”. Este cronista suspiró aliviado, ya que el plan inicial paraba por “New Garamond”, lugar en el que carecíamos siquiera de la seguridad de ser recibidos conforme a nuestra categoría y títulos. Allí, ya silenciadas nuestras neuronas por la música, proseguimos con los rituales báquicos a los que nos entregamos con decisión. Fueron cayendo copas y bailes con mozuelas que trataban de incitar nuestros instintos más básicos, sin terminar de conseguirlo. El elefante mítico provocó nuestra admiración con su dominio del merengue, que bailó como un auténtico profesional en la materia; mientras que los demás, preferimos bailar a nuestro aire, tal cual nos dictaba la improvisación, incluso los ritmos country y célticos tuvieron acogida en aquél singular momento.

 

 

 

 

… dejó buen sabor de boca, como siempre, y ganas de repetir cuanto antes mejor. La senda sigue caminando entre selvas, desiertos y manglares; y así ha de ser por largo tiempo.

 

La Senda de los Elefantes

Comando gastronomicultural interesado en cualquier tipo de especulación. Nos gusta comer, beber, reir y hablar en interminables tertulias sobre lo divino y lo humano. No futbol, no coches. Imprescindi...

La senda sigue caminando